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Sección: Artículos | Fecha: 24 Enero de 2010

Yoga: puerta a la integración personal

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Yoga PuertaMás que un conocimiento —conjunto de conceptos y teorías—, el Yoga permite, a quien lo practica, acceder al largo y antiguo camino de la sabiduría, así como descubrir, percibir, sentir y desarrollar la energía; es decir: vivir la experiencia de Ser.

Multiplicidad simultánea del cuerpo

El Yoga exige disciplina, y el primer paso consiste en vivir la experiencia de la unidad y multiplicidad simultánea del cuerpo, el cual está constituido por tierra, agua, aire y fuego, lo que se asocian a lo físico, emocional, mental y espiritual. En este contexto, cada individuo se expresa a partir de estos cuerpos, aunque habría que precisar que se expresan mediante una sola energía, en un solo espacio, pero en diversos niveles de organización y manifestación, en el que pueden vivir en armonía.
El cuerpo, único y diverso, si bien posee una larga historia, cada día escribe su futuro, por ello se afirma que la experiencia del Yoga es el aquí y ahora, un presente fugaz.

Trabajar con el cuerpo; redescubrir la vida

Trabajar con el cuerpo, con sabiduría, permite redescubrir y participar con plenitud en la corriente de la vida. El Yoga es una vía para romper la rutina, desencadenar y experimentar sus potencialidades, descubrir su ritmo, explorar su “sombra”, potenciar y afinar cada uno de los sentidos: reaprender a mirar, a escuchar, a oler, a sentir, a gustar, a fluir. El Yoga es la experiencia del instante, de la pausa y del encuentro con nosotros mismos, en un sentido profundo y trascendente.

Asanas: pausa en el camino

El Yoga permite al individuo hacer un alto en el camino. Una de sus disciplinas más conocidas —las âsanas o posturas del cuerpo— tiene el propósito de marcar una pausa en el movimiento constante de la vida del individuo. Son una oportunidad que frena y extingue los propios torbellinos, una opción para alcanzar la quietud plena, que se manifiesta también hacia el exterior. Después surje otra posibilidad de movimiento, un nuevo aprendizaje de la vida cotidiana mediante la percepción del medio que nos rodea.

El Yoga: puerta de integración

Los primeros pasos del Yoga abren la puerta para que “las partes” del ser humano se comuniquen, identifiquen y unifiquen gradualmente. Después permite aflojar las tensiones corporales y los nudos emotivos; observar las ideas propias y las muchas ideas prestadas, inservibles o no, que creíamos nuestras, así como escuchar a los sueños y a las palabras personales y las de aquellos que nos rodean, con una nueva atención: se empieza a vivir el aquí y ahora.

Es hasta entonces que se vive la experiencia de la intuición, como la capacidad de aprehender la totalidad, en un instante, en una mirada. La energía empieza así a fluir y se experimenta la alegría de estar vivos, en movimiento permanente. Las fronteras que antes eran incuestionables empiezan a percibirse relativas.

Para comprender, o mejor, para vivir el Yoga, se debe visualizar al cuerpo como un conjunto de canales y centros de energía en continuo cambio. La energía es una sola, se manifiesta en diversos niveles o planos de organización, y es posible dejarla fluir según se necesite en la vida cotidiana: estudiar, hacer el amor, mirar, respirar, hablar, comer o caminar. Esta energía es conocida como prana.

La palabra Yoga proviene del termino yug: es unidad, del este y del oeste, del sur y del norte, de arriba y abajo, de lo grande y lo pequeño, de nuestro interior con nuestro exterior, de nuestro ser individual, nuestro yo, con el ser y orden universal.

Reaprender a mirar

Una de las premisas de la disciplina del Yoga consiste en reaprender a ver la mirada propia y la ajena, tanto las ocultas como las transparentes, y encontrar así una profundidad y una dimensión originaria.

El paso de la percepción a la emoción, luego a los sentimientos, y de ahí a la intuición, implica, en el Yoghismo, atravesar barreras a veces sutiles, a veces aparentemente evidentes. La sombra y la conciencia se entrelazan en una danza de máscaras, pero más allá del juego de éstas, de vez en cuando, aparece la certidumbre de algo trascendente. La certidumbre de que aquello que aún no es, el encuentro consigo mismo es posible, existe y está presente constantemente en el pensamiento más luminoso de occidente y de oriente.

Develar nuestra necesidad puede ser el encuentro con la libertad; pero también producto aparente de lo fenomenológico y de los torbellinos emocionales y mentales que nos atan al pasado o al futuro: es simple autoengaño.

Etapas básicas del Yoga

Necesitamos redimensionar, profundizar y actualizar las etapas básicas del Yoga clásico: las cinco contenciones o “reglas de observación moral”: Yama, así como las cinco disciplinas corporales y psíquicas: Niyama. Ambas son portadores de valores en constante cambio, que sintonizan a la persona con una dimensión energética específica.

Desde la perspectiva del Yoghismo, estas contenciones o reglas tienen un sentido de habilidad, y, a la vez, de soporte básico de toda trascendencia. Cada una de los elementos del Yama: Ahimsa —no violencia—; Satya —veracidad—; Asteya —no robar o sustraer la energía de los demás—; Bramacharya —adecuado manejo de la energía—; y Aparigraha —no avaricia, empatía y servicio—; del Niyama: Sauca —limpieza—; Samtosa —serenidad—; Tapas —realizar servicio impersonal hacia los demás—; Svadhyana, —el estudio y la educación de uno mismo—, e Ishvara Pranidhana —desarrollo de nuestro potencial espiritual—, son la primera llave para acceder a lo trascendente, en cualquier práctica tradicional, estética, ascética, filosófica o psicológica.

Estas etapas básicas requieren el desarrollo de habilidades concretas, tales como la observación —no perder un detalle—; la sensibilidad —vivir el ritmo de nuestro cuerpo—, y la intuición —como etapa superior a la razón—.

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