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Sección: Artículos | Fecha: 24 Enero de 2010

La relación Maestro-discípulo en Yoga

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Maestro de Yoga¿Idolatría o androlatría?

De acuerdo con la tradición más antigua, conocida y aceptada, Yoga es la unión de âtman con paramâtman; âtman resume el significado de lo humano; paramâtman es lo trascendente, lo divino: el Ser sin límites. Traducido a nuestro lenguaje, es la unión del Ser con la persona humana, la cual se propone por la vía de la conciencia. Sin embargo, como la conciencia es producto del conjunto de experiencias del alma, el yoga desarrolla las facultades de la persona humana para que tenga experiencias finas y profundas, y con ellas pueda nutrir su alma.

Maestro-discípulo: encuentro de realización

El trabajo del Yoga se da entre el Chellah y el Gurú, es decir entre el discípulo y el Maestro. El discípulo representa el âtman y el Gurú a paramâtman, en tanto que el encuentro de los dos inicia el trabajo de la realización suprema del discípulo.

Yogas: nuevo estilo de hacer lo mismo

Hay muchos estilos y técnicas de Yoga. Cada vez que un ser humano alcanza éxito en el Yoga, surgen otros que desean participar de él. Se forma así una escuela, una línea con un Gurú, un Maestro y sus discípulos quienes, tarde o temprano, le ponen un nombre al estilo de su Maestro: parece que ha surgido un nuevo Yoga, aunque, en realidad, lo único que apareció es un nuevo estilo de hacer lo mismo.

Las vías y modalidades de las técnicas del yoga son diversas, pero todas ellas pueden resumirse en las cuatro vertientes de la naturaleza de la persona humana, con miras a alcanzar un punto de convergencia. Por ejemplo, hay una gran cantidad de estilos y modalidades del Yoga para el desarrollo, conservación y cuidado del cuerpo físico: se conocen como Hatha Yoga.

Hatha Yoga: diversidad de técnicas

El Hatha Yoga implica un concepto filosófico hermoso: ha se puede entender como solar, activo, en tanto que tha, como lunar, pasivo. No obstante ello, lo importante es que ambos polos se encuentran en un punto: el Yoga, o sea equilibrio. Es algo que en Occidente llamamos atracción, repulsión y equilibrio, o lo que los chinos llaman el yang, yinn o tei, es decir, la polaridad, dualidad que genera movimiento, vida y evolución.

Entonces, hay una gran cantidad de estilos y técnicas de yoga que podemos entender como Hatha Yoga, relacionadas con el cuidado y conservación del cuerpo físico, pero también con un principio extraordinariamente maravilloso que posee: la capacidad sensorial cerebro-espinal. Ésta permite recibir información del mundo material, asociarla y obtener conclusiones acerca de ella, acumularlas, para que cada nueva experiencia sensorial se apoye en las experiencias anteriores y se posea un conocimiento más preciso del mundo en el plano sensorial. Eso es hatha yoga.

Karma Yoga: manejo de causas y efectos

Definamos un poco más el yoga. En primer lugar quiero señalar, de paso, que dentro de los cuatro aspectos básicos de la naturaleza, aquí y ahora, donde estamos —materia, energía, mente y espíritu—, el yoga sigue estas cuatro corrientes, aunque después busca un punto de convergencia a través de todas ellas.

El segundo aspecto del yoga se refiere al término Karma Yoga, el cual incluye a todo el conjunto de estilos o técnicas de yoga. Es el estilo del yoga que trata las causas, sentimientos, sentido de lo moral, afectos, pensamientos sobre un universo de tiempo-espacio curvos, donde todo lo que sale como causa, tarde o temprano regresa como efecto, suerte o destino.

Entonces, resulta que todo se está haciendo constantemente a través de leyes de causa y de efecto. Por eso, los estilos del karma yoga son los yogas de la conducta, de la vida social, de las tradiciones, del trabajo abnegado, de la acción y de la reacción, del servicio sin esperar frutos el cual procura que el servicio y el trabajo se hagan de una manera positiva, noble, bella y buena, para que los efectos sean también positivos para nuestro destino, y aporten, al discípulo, más comprensión, luz e integración de la diversidad de su persona dentro de la unidad de su Ser. Este es el yoga del hombre social, del trabajador, del padre de familia, que trata de mejorar su vida a través de la acción abnegada.

Al respecto, hay técnicas y tradiciones amplias, aunque lo básico es el manejo de las causas y de los efectos para mejorar el propio destino y colaborar para que la vida sea más buena para todos.

Karma Yoga: unidad y diversidad

Hay un sentido hermoso de unidad en el karma yoga, porque tanto en Oriente como en Occidente está presente siempre la idea de Uni-Verso, donde todo es diverso, pero jamás deja de ser Uno. Es decir: siempre hay unidad dentro de la diversidad, y dentro de esta unidad en la diversidad hay muchos cambios que revelan cada vez más la verdad que está en el trasfondo de todas las cosas que cambian en la realidad.

Karma Yoga es manejar correctamente nuestra vida para que esté al servicio de la vida universal y se revierta hacia nosotros mismos para que tengamos una vida mejor. Aquí pueden entrar algunos conceptos de tipo moral que nos indican que no podemos degradar a un Ser humano sin degradarnos a nosotros mismos.

Karma Yoga, afín al temperamento occidental

Por cierto, recuerdo un libro de un Swami hindú muy famoso —Vivekananda—, quien escribió un solo poema que vale la pena leerlo. Se llama Karma Yoga. Se refiere a una línea de vida que no es monástica ni faquiresca, sino a la vida real, vivida con sabiduría aquí y ahora. karma Yoga para nosotros, los occidentales, no es nada extraño, afina con nuestro temperamento.

Todo lo que constituye la naturaleza de una persona humana es inteligente, está regida por constantes universales, por leyes que permiten a la persona humana pensar. Por esto hay una amplia gama de técnicas del yoga dedicadas a activar, desarrollar y controlar de manera óptima las facultades mentales.

Cuando âtman es una con Paramâtman

Tales técnicas se pueden englobar dentro del término jñana yoga o gñani yoga —el yoga del conocimiento, de la sabiduría, de la alta filosofía—, que se resume en una proposición profunda y muy seria: dicen los jñana yoguis que toda la problemática del ser humano consiste en conseguir que âtman se identifique y sea una con Paramâtman. Esto suena, desde luego, a “sánscrito”, pero es algo muy sencillo, porque âtman podríamos entenderlo aquí, en occidente, como el ser individual, el ego individual, que se reconoce a sí mismo, se sabe, tiene una experiencia honda de sí mismo a través de su propia conciencia, pero después se va ensanchando en círculos cada vez más amplios hasta que un día se identifica con la conciencia cósmica, para usar términos occidentales.

Se plantea también como la unión o identidad de jiva con jivâtman. En un nivel un poco más sencillo es el yo personal que se identifica con el yo universal.

Este conjunto de elementos químicos, que están organizados en nuestro cuerpo, se identifica con todo el universo como materia, se descubre como energía, mente, espíritu y finalmente se descubre como Ser. Todo lo que es diverso se convierte en la experiencia de Ser, de Ser total, de Ser uno, sin principio y sin fin.

Es el Yug, la Iluminación como le llaman algunos, el “estado de gracia”, el satori. Es todo un camino a recorrer, enunciado como la unión de jiva con Jivâtman y de âtman con Paramâtman. Todo esto está definido a través de 25 tattvas o principios, el primero de los cuales es purusha, el Ser, y el resultado de esta manifestación de purusha es prakriti, la naturaleza. Es el tiempo-espacio, materia-energía, mente y espíritu, como yo le llamo.

Conjuntos de conjuntos de partículas

Ahora, hay un comentador hindú, Patáñjali, que agrega un tattva más: Ishvara, el Dios personal. La filosofía que tiene estos principios es la Sâmkhya de Kapila, la que nos deja en un universo abstracto donde todo son principios —a fin de cuentas— son relaciones entre partículas y conjuntos de partículas, los bhûta, los tanmâtras, con una serie de nombres que no sería capaz de recordar, pero que a fin de cuentas son conjuntos y conjuntos de conjuntos de partículas.

La persona humana se manifiesta en un individuo, es decir, que el ser humano tiene unidad dentro de su diversidad. Es, como se ha dicho muchas veces, un pequeño universo, también una síntesis del universo y esto es lo que constituye el plano espiritual de su naturaleza.

Bhakti Yoga: desarrollo de la capacidad espiritual

El yoga tiene técnicas que permiten desarrollar la capacidad espiritual, el sentido del amor y de la libertad. Estas técnicas las podemos resumir dentro del término Bhakti Yoga, el cual está muy promocionado en la actualidad porque es el yoga místico, el yoga espiritual, el yoga del amor, el cual es muy folklórico porque se manifiesta a través de cánticos, adoraciones, reverencias al Gurú, los kirtans, los mantras y toda una terminología simpática, agradable, que siempre manifiesta la unidad dentro de la multiplicidad en el plano de lo religioso.

¿Idolatría o androlatria?

Pero aun cuando sus manifestaciones son variadas y coloridas, resulta que todo gira en torno a un punto, la reverencia al Guru, al Maestro. Pero, ¿es acaso esto una idolatría o una androlatría, o sea, una adoración a hombres? No, el concepto es profundo, porque el bhakti yogui, el discípulo, considera que su maestro es el último eslabón de una cadena donde él contempla el principio divino de todas las cosas, porque detrás de su Gurú, de su Maestro, de su guía, de su iluminador, del que le aclara las cosas, está otro Gurú; porque su Gurú tiene también otro Gurú, su Maestro y detrás del Gurú del Gurú, hay otro Gurú, es el Gurú del Gurú del Gurú. Así sigue la cadena hasta lo más sutil o subjetivo que podemos imaginarnos, que a fin de cuentas es la divinidad, Dios.

Entonces el bhakti yogui es el que a través de la forma de un hombre, su Gurú, comienza a encauzarse en la búsqueda del Ser Universal, de la divinidad, a través del amor. Esto se ha promocionado mucho en los últimos tiempos, ya que hay algunas religiones orientales que han tomado ese aspecto del yoga para entronizar sus ideas. Hay varias doctrinas que se amparan bajo el concepto de bhakti yoga.

En fin, el auténtico yoga como experiencia, es la experiencia de la verdad. La experiencia del yoga, lo recalco: no es la fuga de la realidad, es la confrontación total con la realidad hasta sus últimas consecuencias, que es la verdad. Y esto no se conoce como algo externo a nosotros mismos, sino como una experiencia individual, intransferible.

¿Por dónde comenzar?

Para seguir con la imagen, hay que crecer equilibradamente, cualquiera que sea el comienzo que tengamos en yoga. Generalmente nosotros los occidentales comenzamos con el hatha yoga porque somos pragmáticos, queremos que nuestro cuerpo funcione bien, que las cosas sean claras, se puedan medir y pesar. Por eso nos atrae mucho el Hatha yoga, pero también podemos entrar por el karma yoga a través de la vida familiar o del jñana yoga a través de la alta filosofía o del Bhakti yoga si tenemos temperamento místico, pero tarde o temprano tendremos que llegar al punto de convergencia que es raja yoga.

Los sutras de Patáñjali

Ahora bien, dentro de tantos estilos y técnicas podemos desglosar un poco, comentar algo que tiene cierta antigüedad, es muy conocido, pero de tanto ser conocido y antiguo, ha sido tan investigado y vuelto a investigar que en la actualidad a veces ya no se sabe de qué se está hablando, al referirse a la tradición del yoga, de los sutras de Patáñjali.

En la tradición del pueblo indo ario hay muchas leyendas, símbolos y mitos relacionados con el yoga, porque en algunos casos las religiones se han apropiado de las técnicas de bhakti y les han dado un sentido religioso. Pero el yoga permanece siendo fiel a sus constantes universales. Estas leyes han sido comprendidas de manera precisa por un gran comentador cuyo nombre llega a nuestros días, se le conoce como Patáñjali, el continuador de la línea filosófica de Kapila, autor de la filosofía Sâmkhya, el cual, según los comentadores más modernos, Patáñjali modifica y convierte en el sêshvara sâmkhya.

¿Cómo identificar al discípulo más aventajado?

Cuando el Gurú autoriza a un discípulo para que practique algunas disciplinas de yoga más refinadas, tiene que hacerle un examen, ese examen no consiste en constatar su virtuosismo en el manejo de su cuerpo o su flexibilidad, sino en saber qué efectos le han producido las prácticas en el primero, segundo y tercer grupo. El Maestro pregunta cosas simples, las que aparentemente no tienen que ver nada con las prácticas de Hatha yoga, pero son datos importantes para autorizar o no a un discípulo secuencias diferentes.

Preguntémonos: ¿cuáles son los discípulos más adelantados?, ¿los que manejan muy buen su cuerpo, los que tienen resistencia física, o los que no tienen problemas de tipo moral, psicológico, mental o espiritual? Hay que decir nuevamente: las prácticas elevadas de yoga y los cambios a las secuencias establecidas sólo las puede autorizar un Maestro.

El argumento que se esgrime en contra de esta idea es que hay otros grupos que practican cosas más sofisticadas que nosotros. Es muy posible, pero preguntémonos y analicemos: ¿cuáles han sido los resultados?, ¿el misticismo morboso?, ¿la sexualidad desorbitada?, ¿o la búsqueda de poderes psíquicos para encontrar un karma extraordinario?

Experimentarse totalmente a sí mismo

Si deseamos estar sanos, vivir bien, tener serenidad, producir bien, llevarnos bien con la familia, podemos utilizar el yoga hasta cierto nivel. Si queremos ahondar más y descubrir lo trascendente, tenemos también la experiencia del yoga, que es la experiencia profunda de sí mismo. Un sí mismo que nos revela todo lo demás; cada ser humano es un resumen de todo lo posible, y si le falta algo, ya no tiene ninguna esperanza de Ser.

Esto trasciende la razón —razonablemente no tiene sentido—. Es una contradicción y, sin embargo, es la proposición del yoga: llegar a experimentarse totalmente a sí mismo, y en esa experiencia de sí mismo experimentar todo lo demás, más allá del tiempo y del espacio, de la realidad. Hay algo que es y ahí es donde pretende llegar la experiencia del yoga. Si no llegamos ahí, por lo menos podemos llegar a la experiencia de vivir en armonía con nosotros mismos, con nuestros semejantes y con la Naturaleza.

Así que la experiencia del yoga es la experiencia de nosotros mismos, quitados todos los misticismos misteriosos y otras cosas raras.

Maestro-discípulo: camino de realización

Al hablarles así tengo la impresión de que promuevo en demasía la palabra Gurú, casi con un estilo comercial, pero en realidad no es así. Un Gurú se siente lleno con el hecho mismo de ser Gurú; naturalmente que necesita que alguien le pida algo para justificar su existencia como Gurú; ya les he dicho en alguna ocasión que para que existan Gurus necesita haber discípulos, esto es cierto, pero la línea que nosotros seguimos es la de la Maestría y el discipulado; sin discípulo no hay Maestro, y sin Maestro no hay discípulo. Insisto mucho en esta relación porque se trata aquí de una línea de discipulado y no de un sistema gimnástico para ganar dinero o adeptos para alguna ideología política o doctrina religiosa; se trata de un camino auténtico de realización, y esto exige una relación directa entre Maestros y discípulos.

Naturalmente que no hay tantos Maestros como para ponerle un Maestro a cada uno de los practicantes de yoga en sus aspectos elementales, pero sí hay suficientes Maestros como para tratar con los verdaderos avanzados.

Quiero ser más enfático aún: no me importa si hay profesores de yoga analfabetos, lo que me importa es que existan profesores que realmente hayan experimentado el yoga como experiencia profunda sí mismos.

No vamos a dar clases de anatomía, biología, psiquiatría, psicología o de religiones comparadas en los centros de yoga, vamos simplemente a motivar a nuestros alumnos para que tengan deseos de alcanzar la culminación de todo su proceso humano a través del yoga. Estoy seguro que en algunos lugares de India o del Tíbet, debe haber algunos Gurus auténticamente analfabetas, que no tengan ningún título académico y que sin embargo sean auténticos Gurus.

Discípulos conscientes y de pie

No propongo discípulos ni profesores de yoga a los pies del Gurú, sino seres humanos conscientes de su Ser y de su persona, de pie al lado del guía, del Maestro, para seguir caminando en esta dignísima senda donde el yoga es uno de los medios más preciosos que tenemos para confiar en el éxito de nuestra vida.

Es el momento de que tendamos un puente entre la llamada Ciencia Sagrada y las ciencias experimentales para darle información al hombre de nuestros tiempos y presentarle una alternativa, que es redescubrir lo que tiene, para que con esto encuentre lo que es; para que se encuentre a sí mismo. No estamos proponiendo nada nuevo, porque “no hay nada nuevo bajo el sol”, como ya se dijo, pero nos falta mucho qué descubrir de lo que hay bajo el sol.

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