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Sección: Artículos | Fecha: 24 Enero de 2010

El Yoga y el desarrollo de las facultades mentales

Temas:

Para quien ha conquistado la Mente, ella es la mejor amiga. Pero para quien fracasa en el intento, la Mente se convierte en la peor enemiga. Quien ha conquistado la Mente, y ha obtenido de esta manera la paz, ya ha alcanzado el Ser (Paramatman). Para él la alegría y el dolor, el frío y el calor, el honor y el deshonor, son iguales.”

Baghavad Gita VI, 6-7

El de la Mente y su naturaleza es sin duda el misterio más fascinante que se presenta al hombre desde el principio de los tiempos. La búsqueda de una explicación exhaustiva marca el recorrido mismo del pensamiento humano… La historia de las ideas es el curso mismo de las innumerables respuestas al problema de la Mente. La historia de una realidad que indaga sobre sí misma”.

A.G. Sabatini, E. Lanneo, Le nuove frontiere della Mente

El tema que abordaremos en este artículo es cautivante aunque extremadamente difícil de tratar. Es cautivante porque en todas las épocas el hombre (y en especial el contemporáneo) se da cuenta de la Mente reviste una importancia fundamental en la vida del individuo y que el conocimiento de los propios límites mentales y la posibilidad de trascenderlos con el salvoconducto para llevar una existencia mejor.

Es difícil, porque la Mente es algo que, a pesar de pertenecernos, se escapa a las definiciones y tampoco es fácil de encuadrar, por lo que resulta para el ser humano por lo menos un misterio. Quizás por esto mismo se ha dicho que “Mente es un término genérico y es poco usado por los filósofos”

Resulta también complicado porque cuando se habla de “desarrollo de las facultades mentales”, la mentalidad moderna, y en especial la occidental, se enfoca sobretodo a la consecución de resultados brillantes y desempeños espectaculares. Por lo tanto, la mayor parte de las personas se siente atraída por los “poderes”, las así llamadas siddhis del Yoga y por las manifestaciones sobrehumanas o sobrenaturales, sin preocuparse por conocer o disfrutar las facultades que ya posee.

La competitividad continua se encuentra inscrita en la mentalidad moderna, occidental y tecnológica, la necesidad de obtener resultados cada vez más sorprendentes para impresionar a los demás (y finalmente para demostrar que se cuenta con algo). Al mismo tiempo, esto implica la falta de aceptación de la realidad con sus límites aunque también con sus infinitas potencialidades.

Digamos en este momento que si bien el verdadero Yoga espiritual, el Yoga Iniciático, reconoce la posibilidad de desarrollar poderes que pueden ser extraordinarios (en particular los mentales), los considera como un evento colateral durante el recorrido espiritual y no como su objetivo final. Más bien, los verdaderos Maestros Iniciados ponen en guardia a los discípulos en cuanto a buscar de manera demasiado insistente esos poderes, ya que esto los desvía del objetivo principal.

Pero entonces, ¿cuál es este objetivo? La respuesta es la del Baghavad Gita: el objetivo es la unión del ser individual (atman) con el Ser Supremo o Ser (Paramatman), en resumen, la unión del hombre con Dios.

En este proceso los poderes extraordinarios pueden o no manifestarse. Pero hay un hecho verdadero: quien haya alcanzado la unión con el Ser o por lo menos haya recorrido un poco de camino en esta dirección debe haber alcanzado un buen nivel de conocimiento de sus facultades mentales y por ende debe haberlas desarrollado cabalmente.

¿Qué es entonces la Mente?

Entramos en un ámbito verdaderamente difícil, a menudo confuso y tan amplio que se encuentra todavía en el centro de grandes discusiones entre filósofos, psicólogos, biólogos, físicos y teólogos. Sobre el tema han surgido diversas teorías, a menudo bastante interesantes, pero todas lejos de poder ofrecer explicaciones exhaustivas. Sólo con el objeto de refrescar la memoria recordaremos a algunas de ellas: el dualismo cartesiano, según el cual una Mente externa e independiente ejercitaría “fuerzas místicas sobre el cerebro para inducirlo a conformarse a su voluntad. El idealismo que reniega del mundo físico y para el que todos los eventos se consideran como construcciones mentales; el conductismo que niega en cambio los procesos mentales. Para el paralelismo psicofísico , se admiten los procesos mentales pero se ligan de manera indisoluble con los físicos; mientras que el pansiquismo (sostenido por Theilard de Chardín y otros estudiosos) considera la existencia de una forma del conocimiento de todas las cosas, Más recientemente, la Mente constituye ya una característica intrínseca de cada electrón. Se llega de este modo al funcionalismo, mismo que sostiene que los procesos mentales son como el software de las computadoras.

¿Quién está en lo cierto? Efectivamente, todas estas razones son sugestivas y poseen elementos de verdad. De todas maneras, las corrientes más modernas que estudian la Mente y sus procesos han llegado a una conclusión o más bien a un punto de partida de importancia:

“En algún momento es necesario preguntarse si las funciones mentales pueden en última instancia reducirse a procesos físicos del cerebro… o si existen leyes y principios adicionales relacionados con la Mente que no puedan derivarse de manera mecanicista a partir de la física de la materia inanimada”.

No existe razón para no reconocer el hecho obvio de que la consciencia es un principio que fundamentalmente trasciende no sólo a la física y la química sino también a los procesos mecanicistas de los seres vivos”

Los últimos estudios sobre el cerebro permiten reconocer dos niveles en su funcionamiento:

El inferior; determinado por el funcionamiento de cada una de las neuronas y por la transmisión de los impulsos nerviosos entre ellas.

El superior: el cerebro es un sistema organizado en forma de red. Debido justamente a esa retícula increíblemente complicada de sistemas eléctricos, el cerebro tiene la capacidad para expresar las extrañas propiedades no físicas de la dimensión mental.

Probablemente, G. Bateson ha acuñado la definición más importante de Mente en la actualidad:

“Una mente es un agregado de partes o componentes interactuantes… La explicación de los fenómenos mentales se encuentra siempre en la organización e interacción de múltiples partes”

En síntesis, la mente no sería más que una “estructura que conecta”, una red entre innumerables elementos todos relacionados entre sí.

Esta hipótesis es tanto más apasionante a medida que se demuestra que es verdadera en todos los niveles. Hasta hace algunas décadas se pensaba que en el nivel celular la célula no era otra cosa que un espacio aislado de citoplasma en el cual vagaban los diversos orgánulos. Esto fue hasta que se descubrió una red ultramicroscópica de micro tubos que, como hilos invisibles, guían todos los movimientos celulares internos, desde los fluidos intracitoplasmáticos hasta la división mitótica.

Ya hemos dicho que el cerebro se encuentra estructurado como una red neuronal. Inconscientemente, el ser humano está reproduciendo las estrategias de la naturaleza y de su mismo organismo en la red mundial de computación, Internet.

Lo más asombroso, y sobre lo cual los biólogos han formulado muchas hipótesis, si bien todavía no han sido demostradas, se refiere a los “campos morfogenéticos” que dirigirían, como una red macroscópica de hilos invisibles, el desarrollo de las formas animales, realizando la transferencia de información sin que exista una transferencia de energía. Se trata del fenómeno de la resonancia mórfica propuesta pro R. Sheldrake. Aún más recientemente, un físico ha propuesto, y esta vez con una mayor cantidad de elementos demostrativos, la teoría de las líneas del universo, según la cual todos los objetos, partículas o seres vivientes de este universo trazan en el espacio y en el tiempo una trayectoria espiral (y para el movimiento espiral mismo de las galaxias en el espacio – tiempo curvo y continuo) que está destinada a interceptar las trayectorias de otros objetos, partículas o seres, constituyendo de esta manera una gigantesca telaraña que contendría la información de todas las interacciones que tuvieron lugar en el universo desde su inicio. Gracias a esta telaraña de líneas, grupos similares de “partículas ”resonarían” de manera reciproca dando lugar al fenómeno de resonancia mórfica instituido por Sheldrake

Legados a este punto, el antiguo aforismo de la Tradición Hermética, según el cual “Todo es Mente; el Universo es mental”, puede parecernos menos enigmático.

La Tradición Iniciática enseña que la Mente es uno de los tres planos de manifestación del cosmos. El cosmos tiene una estructura ternaria porque se manifiesta a través de:

  • Mente
  • Energía
  • Materia

Obviamente, la materia está constituida por los átomos y las partículas elementales; la energía se presenta bajo la forma de fluidos que mantienen a la materia en forma dinámica, la mente está constituida por el plano de las leyes y constantes universales que vuelven “ordenado” al universo (precisamente, kosmos en griego significa “orden”) , y ahora podremos agregar también que es aquel “sistema que conecta” a todo el universo.

El ser humano es una síntesis del cosmos, un reflejo suyo hecho “a imagen y semejanza”. En efecto, presenta:

  • Una mente
  • Una esfera emocional
  • Un cuerpo u organismo

El cuerpo es el vehículo material que realiza nuestras acciones. La esfera emocional es el conjunto de sensibilidad, reacciones, pasiones, sentimientos y sentido moral que da impulso a nuestro cuerpo. La mente es la capacidad para analizar, estudiar y razonar, y finalmente de “conectar”, o sea, de ordenar, de dar orden y congruencia a los fenómenos de nuestro mundo interior y exterior.

Pero la tradición sostiene también que la estructura ternaria se refleja en todos los niveles. Por lo tanto, la mente tiene también un subplano físico, energético y mental.


-> Subplano mental ->intuición
Mente ->Subplano energético -> razonamiento, análisis, pensamiento.
->Subplano físico

->sistema cerebro espinal con actividad

físicoquímica, biológica


El Maestro José Marcelli sostiene que la mente humana a través de el subplano físico percibe y conoce (aspecto objetivo de la mente), el subplano emocional piensa y razona, y el subplano mental intuye y crea (aspecto subjetivo de la mente)

¿Cómo se propone el Yoga influir sobre la mente para desarrollar sus facultades y sus funciones?

El Yoga es un sistema holístico, vale decir, integrado, que actúa al mismo tiempo sobre todos los planos y los subplanos.

El Hatha yoga prepara con el yama — si es que así se puede decir de manera introductoria —, a la mente por medio de una alimentación natural y correcta: el hecho de no ingerir carnes animales excluye de nuestra dieta algunas sustancias consideradas como “nervinas” que vía refleja excitan nuestro sistema nervioso central. En el nivel psíquico, el hecho de no sentirnos responsables, ni siquiera de manera indirecta de matar una vida animal permite un acercamiento más sereno a la existencia. Además, bañarse con agua fría induce por vía refleja la vasodilatación y la relajación muscular, así como una particular frescura y lucidez mental. Un organismo sano, limpio, bien nutrido y psíquicamente equilibrado permite a la mente dedicarse a funciones que no son meramente vitales.

También se ha demostrado que la práctica de las âsanas induce:


  • Producción de endorfinas -> estado de bienestar
  • Resistencia cutánea eléctrica -> disminución del estado de ansiedad
  • Producción de catecolaminas -> disminución dl estado de estrés
  • Consumo de O²-> disminución de la oxidación celular
  • Actividad del sistema límbico -> mayor control de la emotividad
  • Actividad de la corteza cerebral -> mayor conocimiento y lucidez mental.


La práctica del pranayama (en especial la respiración alternada) estimula la actividad armoniosa y equilibrada de los dos hemisferios cerebrales. Recientemente se ha demostrado que en forma normal el ser humano respira inconscientemente alternando períodos en los que prevalecen por un lado las estructuras del aparato respiratorio (nariz, la comunicación entre las fosas nasales y la laringe, los bronquios, pulmones, el hemidiafragma y el hemitórax) a periodos en los que prevalecen las del lado opuesto.

Con respecto a estos periodos se ha observado una mayor actividad del hemisferio cerebral contrario. Se sabe que los dos hemisferios se especializan en algunas funciones específicas, como por ejemplo:

  • Hemisferio derecho —> sentido musical, síntesis, creatividad e inventiva artística.
  • Hemisferio izquierdo —> lenguaje, análisis, operaciones lógicas.

Mediante un procedimiento consciente, el pranayama activa la función alterna de la respiración estimulando rítmicamente los dos hemisferios y facilitando finalmente su actividad integrada.

Se ha destacado que la práctica constante de la meditación modifica de manera significativa la actividad eléctrica del cerebro. Normalmente, la corteza cerebral tiene una actividad eléctrica que puede registrarse por medio de un encefalograma (EEG) con base en la actividad que desarrolla el cerebro.


Ondas ß -> (>14 ciclos/segundo): estado de vigilia, atención focalizada y sueño con sueños (sueño REM).

Ondas σ ->(>8 – 14 ciclos/segundo): ojos cerrados, relajamiento, sueño profundo.

Ondas θ -> (>4 – 7 ciclos/segundo): sueño profundo, estados alucinógenos o de gran creatividad, estados de agitación.

Ondas δ ->(> 0.5 – 6 ciclos/segundo): algunas fases del sueño.


La práctica de la meditación ha permitido registrar un predominio de:

Ondas σ: amplias y estables incluso con los ojos abiertos que se relacionan con estados de calma, serenidad y bienestar.

Ondas θ: relacionadas con descargas imprevistas, con expansiones repentinas de la conciencia (iluminaciones, samadhi).

La meditación se puede valer de técnicas accesorias como los yentram, mandalas (esquemas para guiar y focalizar los itinerarios de la mente fuera de sus trayectorias comunes) y mantram (sonidos y vocalizaciones silábicas que sintonizan la actividad de los diferentes planos de la mente, unificándolos).

Como es natural, la mente humana no conoce directamente las modificaciones que el yoga induce sobre el cerebro y sobre su actividad biológica, bioquímica y eléctrica. Sin embargo, ella experimenta variaciones del estado de sí misma, es decir, hace una experiencia directa de sí misma en diversas situaciones y, sobre todo, aprende sus mismas modalidades de funcionamiento.

De esta manera, la práctica del yoga enseña a percibir en la profundidad de nuestra mente el lugar donde se generan los pensamientos, las causas y los efectos de estos.

Poco a poco se va disciplinando y su dominio no resulta entonces “más difícil que controlar el viento”.

En un cierto momento en este camino puede suceder que uno se dé cuenta que se puede observar el fluir de los propios pensamientos a manera de un observador externo. Resulta frecuente también que podamos percatarnos que para ahorrar energía y buscar seguridad nuestra mente trata siempre de usar los mismos esquemas de pensamiento. Sucede entonces que la mente afronta las diversas problemáticas que la vida presenta al individuo proponiendo siempre el mismo tipo de respuestas. Naturalmente, esto limita en gran medida el resultado de su actividad y la bondad de sus soluciones. Nos hacemos conscientes al mismo tiempo de todas las justificaciones ficticias que la mente es capaz de construir para justificar cualquiera de nuestras conductas.

Pero en realidad si se logra liberar la mente de las trabas de estos estereotipos de pensamiento (que desgraciadamente se convierten en estereotipos de comportamiento) nos damos cuenta de que sus potencialidades son casi infinitas.

La mente puede usarse al tope de su rendimiento y concentración para crear soluciones y obras totalmente nuevas para favorecer a la sociedad y a nosotros mismos; puede “activarse” o “separarse” a nuestra voluntad y no ser ella la que tome la delantera “como resultado de su naturaleza agitada o irritable”.

El individuo aprende a convertir o, mejor aún, a “transmutar” los pensamientos negativos y pesimistas en pensamientos positivos y optimistas y, a través de ellos, también sus sentimientos. Esto es un ejemplo verdadero y apropiado de alquimia mental, cuya realización puede ayudar al ser humano a transformar su propia vida.

Lo anterior se ve favorecido por el hecho de seguir un proceso interior, de búsqueda espiritual y por la práctica de ciertas disciplinas del yoga, entre las cuales probablemente la más importante es la meditación, para la que es apropiado prepararse por medio de algunas disciplinas preliminares.

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