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Sección: Artículos | Fecha: 24 Enero de 2010

Artista: un servidor que al compartirse inspira el arte de vivir

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Arte y yogaDoscientos millones de personas, de todo el mundo, vieron el concierto en la televisión. Un millón se instalaron frente a las puertas del Palacio de Buckingham, en Londres. Un gran número presenciaba el concierto en el jardín del palacio real.

La reina, el príncipe, el primer ministro de Gran Bretaña e innumerables miembros de la alta sociedad de ese país, parecían disfrutar enormemente el especial y numeroso elenco de estrellas de rock que hicieron, uno tras otro, su aparición en el gran escenario. Cada uno de ellos es muy conocido por sus grandes éxitos en las décadas de los 50, 60, 70 y 80.

Ídolos de rock al servicio de una causa mayor

Observé de cerca al público. Nunca había visto un público tan atento en un concierto de rock: comprendí por qué. En ese escenario percibí también una gran diferencia en la actitud y presencia de cada uno de los cantantes, que cuando los había visto actuar solos. En los conciertos individuales, con frecuencia, el público gritaba con frenesí. La proyección del artista parecía fomentar la histeria, como una forma de obligar a rendirle culto. Su actuación se apreciaba dominada por la vanidad y el poder que ejercía sobre sus fans.

En este concierto percibí un panorama totalmente diferente. Cada ídolo del rock parecía ahora un elemento más al servicio de una causa mayor: veía integración, unión, compañerismo, deseo de servir al público, a esta causa mayor. La vanidad parecía haber desaparecido.

Inspiración de estados de expansión.

El concierto me impactó profundamente. Esta vez, además de apreciar el particular talento de cada cantante, percibí una gran fuerza inspiradora que me hacia contactar con estados de expansión, grandeza impersonal, amor-libertad, profunda gratitud y entusiasmo; me sentí parte de lo que ocurría.
Era la misma experiencia que había tenido tantas veces al escuchar y observar artistas que tocaban, cantaban o bailaban desde una conexión más profunda: desde la intención de servir al observador-oyente. Ya fuera el amigo guitarrista de flamenco, con quien viajaba durante meses por toda España, Marruecos y Alemania, quien tocaba para nosotros en la sala con algunos amigos; o en la devota danza Odissi de una de mis hijas que transformaba a un grupo de participantes, en un retiro intensivo de yoga; o cada vez que mis dos hijas cantaban en conjunto con sus parejas en eventos de cierre de nuestra escuela para terapeutas.

Bailarín que observa su propia danza.

También lo experimenté, cuando finalmente entendí como el bailarín Butoh —quien deja que “su espíritu haga la danza”—, realiza sus movimientos desde un estado Zen. En vez de ser actor, se vuelve observador: contempla su propia danza. Me lo enseñó Kathi von Koerber de Nueva York, al realizar su taller del Butoh japonés en medio de los bosques, cañadas y explanadas de Iztac.

Artista-oyente.

Claro, lo que me ayudó, en gran parte, en los últimos doce años al experimentar estados expansivos de fusión —con lo observado, escuchado y con el artista—, fue mi práctica de sonosofía: comencé por la escucha consciente, activa y meditativa de selectas piezas de música clásica. Para que el oyente se vuelva un “artista oyente”.

Pseudo-arte

Ahora nos hacemos varias preguntas claves: ¿A quien se le puede considerar un artista? ¿Es la carrera universitaria? ¿El reconocimiento público de sus obras? ¿Su trabajo se vende bien? Al hacernos estas preguntas nos damos cuenta con cuánta superficialidad se maneja socialmente el tema arte. Es lo que Ouspensky llama pseudo arte. Igual como hay pseudo ciencia, cuando no se toma en cuenta la intuición y la revelación como fuente de conocimiento. También puede haber pseudo filosofía o pseudo religión —cuatro vías en la búsqueda del ser humano para descifrar los misterios de la vida que pueden ser utilizados con tanta superficialidad—.

Hacer de la propia vida un arte.

Al penetrar más en la función y el sentido del arte, descubrimos, por lo menos, un denominador común: el potencial del arte de producir un efecto en el espectador que lo contempla o escucha. O bien lo percibe con otro de sus sentidos. Lo interpreta en cualquiera de los cuatro cuerpos: sensaciones físicas, emociones, un nuevo entendimiento o una experiencia integradora en el plano espiritual. Cuando el arte mueve, transforma, inspira, no sólo en el momento, sino que deja una impresión más duradera. El artista cumple así una función de puente. Sirve de enlace a niveles más sutiles de percepción.

El artista que, aparte de su particular talento y habilidad, hace de su propia vida un arte, dispone de facultades adicionales para servir de puente a quien entre en contacto con su particular vía de expresión creativa. Sabemos lo relativo y hasta imposible que resulta el intento de definir lo que es arte, incluso si quisiéramos definir el arte de vivir. Sin embargo, consideramos necesario y valioso establecer algunas referencias acerca de lo que consideramos convertir la vida en un arte.

Balance en los cuatro planos humanos.

Tiene que ver con balance y el comienzo de entrar en contacto con la quinta posibilidad, el quinto elemento, la quinta esencia, el quinto sol o la trascendencia. El balance resulta al desarrollar, de manera simultánea, sinergística y equilibrada los aspectos nutrición, ejercicio en nuestros cuatro planos humanos de la existencia: físico- material, emocional-astral, intelectual-mental y el plano espiritual.

El contacto con lo sagrado

En el cuidado consciente de este desarrollo se descubre la posibilidad y la necesidad de aspirar al contacto con el plano trascendente, el cual toda práctica yoghística, empeño esotérico, gnóstico e iniciático buscan alcanzar. Es el contacto con lo sagrado, la fusión entre lo humano y lo divino. El plano de la creación. El verbo. El quinto chacra. El símbolo del súper-ser, del hijo del hombre. El resultado de la evolución en lo humano.

En este proceso de aspirar al contacto con lo trascendente, basado en el desarrollo integral de los cuatro planos, se manifiesta la creatividad, la que inspira el arte de vivir. Entonces, la particular habilidad de un artista, ya no se manifiesta de manera aislada o polarizada en sólo un área de su vida o en sólo un plano o dos, generalmente el plano emocional-intelectual o físico-emocional*.

*Es común observar extraordinarios talentos en música, danza, pintura, o escritura, llevar una pésima alimentación, sucumbir a diversas adicciones, no encontrar la realización con ninguna pareja, nunca entender el sentido de su vida o incluso terminar, a pesar del éxito, la fama y el dinero, en un suicidio difícil de entender.

Cada uno de los cuatro planos se convierte en un canal de expresión creativa. Se interrelacionan, sus bordes se funden. La vida misma se convierte cada vez más en un acto creativo, en todos los sentidos y aspectos

Poder mágico: descubrir su creatividad.

El artista que ha convertido su vida en un arte, posee un poder mágico al compartir su particular talento como cantante, músico, bailarín, pintor, escultor, poeta, narrador, conferencista o sanador, chef de cocina, jardinero, arquitecto y tantas otras vías, potenciales canales de expresión artística.

Tal poder mágico es ese puente que mueve profundamente al espectador hacia el descubrimiento de su propia creatividad, o potencial de hacer contacto con lo trascendente, de ser el artista de su vida. Lo pone en contacto con un profundo sentido de gratitud: provoca un estado de asombro espontáneo. Le sugiere que es posible realizar los estados superiores en la vía yoghística (samyama): meditación o atención —dharana—, concentración o unión —dyana— e iluminación —samadhi—.

Ayudar a comprender el arte.

Un artista conciente busca la manera de ayudar al espectador para que éste comprenda mejor el arte que le ofrece. Es un servidor. Su motivo natural es compartirse. No se canta a sí mismo, ni para que los demás lo reconozcan. Ha trascendido las dependencias de la aprobación, elogio, reconocimiento, fama, poder de dominio. En su interior sabe que lo que hace es bueno, porque es auténtico. Su creatividad viene de un espacio de contacto trascendente. No importa el nivel de refinamiento, habilidad técnica, talento en cualquiera de los planos humanos.

El arte como vía de trascendencia.

Así, el arte en la nueva era, visto desde una perspectiva yoghística de desarrollo superior, sirve como una extraordinaria vía a la trascendencia. Es un lenguaje universal, despierta la creatividad y el sentido de la belleza interior. Se vuelve accesible a muchos.

Iztac: centro de reunión de artistas de su propia vida

Para propiciar el descubrimiento de las funciones superiores del arte, se promueven encuentros entre artistas conscientes, maestros de yoga, sanadores y aspirantes a ser artistas de su vida, o sea: espectadores que desean aprender a ser oyentes y observadores conscientes y activos; que quieren conocer vías yoghísticas y entender el verdadero arte de la sanación.

Yoga Art Festival: Un encuentro cada año.

Tales encuentros se llevarán a cabo en Iztac —significa blanco, síntesis, la quinta posibilidad—, en las faldas de Iztaccihuatl. Mágica montaña guardiana del valle de México. Con participantes internacionales. En el mes de marzo 2009. Cada año en el equinoccio de primavera. Es el Yoga Art Festival que celebra el despertar de la conciencia humana y planetaria en este simbólico lugar de México. Ya importantes artistas, maestros de yoga y sanadores de Italia, Alemania, Francia, Holanda, Estados Unidos y México han confirmado su participación. El festival, desde ahora, genera gran entusiasmo cuando las personas se enteran de este encuentro. Para entrenar al artista-oyente y a quien desee adentrarse en el campo de la sanación, existe todo un diplomado formativo vivencial de Sonosofía.

Así exploramos juntos las nuevas posibilidades de encontrar respuestas creativas que dan sentido, belleza y plenitud a nuestras vidas.

*Para saber mas acerca del Yoga Art Festival y del diplomado de Sonosofía, puedes entrar en la pagina www.yogaartfestival.com y en www.iztac.com.mx

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